“La Librería”

“La Palabra rociada con perfume a papel es la sublime Narración”

Como asiduo lector que soy, suelo acudir con frecuencia a mi librería habitual. La librería goza de una extensa superficie por donde discurre un entramado de angostos pasadizos que, junto con su exquisita decoración, crea un particular ambiente que logra hacer de la visita un grato momento de relax…

Hace días atrás acudí a la aludida librería sin haberme hecho una idea fija de lo que pretendía comprar, como suelo hacer en otras ocasiones. Recuerdo que era festivo, por lo que no llamó mi atención hallarla con bastante público. Aunque soy de los que prefiere menos trajín, no me lo pensé dos veces y entré…

No siendo muy consciente del tiempo, fueron pasando las horas rebuscando entre novedades, temáticas, autores reconocidos, noveles, etc. Francamente, llegó un momento que me encontraba algo exhausto. Decidí dejar de buscar y aplazarlo para otro día… Cuando me encaminé hacia la salida, tras franquear varios atajos, no sé el por qué; algo extraño me indujo a ello, miré hacía un estante. Sobre el mismo, apilados, reposaban libros que, apoyándose los unos en los otros, lucían una nueva y galante encuadernación. Detenido frente aquel enorme escaparate de tímidas letras ocultas entre miles de páginas, comencé a mirar de un lugar a otro escudriñando lo que parecía ser un muro reluciente de ladrillos perfectamente alineados…

Una sensación de vértigo me forzó a cerrar los ojos durante unos minutos, a la par, masajeaba sutilmente los párpados en un intento de paliar aquella extraña sensación que atribuí a mi desmedido cansancio…

– ¿Se encuentra bien, señor? … –musitó una voz tenue, a la par que noté una mano yacer sobre mi hombro.

– Sí… Disculpe, no se preocupe, es algo de agotamiento.

Retiré mi mano y abrí los ojos… mi agotamiento quedó ajado al instante.

– ¿Dónde me encuentro?… –pregunté mientras buscaba a la persona que unos segundos antes me habló… pero no hallé a nadie…

Miré a mi alrededor… percatándome de que me hallaba a solas en una reducida librería que sólo mostraba frente a mí un vetusto y derruido estante. Cientos de arcaicos libros se reunían amontonados sobre el suelo. Me arrodillé justo frente aquel magno espectáculo de entrañables literatos. Asilé un libro entre mis manos con el propósito de ver el título que se expresaba en su corroído lomo. No podía creer lo que estaba viendo; en cuestión de segundos, sobre su lomo, su título se difuminaba para dar paso a otro. Perplejo, perdido en el tiempo, pude apreciar en su lomo intercambiarse cientos de títulos; todos ellos eran nombres y datas: (Ismael – XL) – (Andrea – VI) – (Michael – LXVI)… sin cesar… sin orden…

Por un momento dejé sosegar mi vista sobre aquella reunión de historias hiladas entre sí. En cada libro; lomo, acaecía justamente lo mismo… Quise dilucidar lo que estaba viendo, pero mi razón me encaminó a un único pensamiento a modo de pregunta; ¿Aquí se halla la historia de todo ser humano?…

EL LIBRO

Sentado, apoyado sobre una desvestida pared que se hallaba tras de mí, volví a observar detenidamente el lomo del libro que pernoctaba entre mis manos, éste, revelaba un título que se había detenido perenne: (Manuel – XX)… Decidí abrir el Libro sin ser consciente, si quiera, en qué página irrumpiría… Al abrirlo, mi cuerpo comenzó a temblar… Ante mis ojos, pude leer cada paso dado el día que mi Hija nació… tras leerlo, todas las letras comenzaron a desparramarse cayendo sobre mi cuerpo, dejando ambas páginas en blanco…

PASAR PÁGINA

Temeroso, comencé a pasar páginas apresurado hasta llegar al día de hoy… – Dios Santo!… no puede ser… -pensé… Sobre ambas páginas, a medio escribir, con asombro pude ver que cada movimiento que hacía en ése instante, pensamientos, sentimientos… TODO… se redactaba por sí solo conforme se producía…

– ¿Se encuentra bien señor?… –musitó una voz tenue.

– ¿Quién es usted…? –esgrimí al viento.

– No tiene importancia quien soy señor. Lo ciertamente importante es, ¿Sabe quién es usted…?

– NO… ni me encuentro bien ni en éste instante soy capaz de saber quién soy… pero puedo pasar páginas y ver mi futuro… tal vez así llegue a comprender quién soy y para qué he venido a éste Mundo…

– Señor… todas esas páginas están en blanco. Si vuelve a mirar su pasado, sólo podrá leerlo una vez, tras leer, las letras volverán a despeñarse sobre usted… Sólo puede quedarse en las páginas que tiene frente a usted; presente.

– ¿No puedo pasar página… ?

– Constantemente está usted pasando páginas. Es usted el escritor que redacta cada palabra de su Libro, su historia; Vida… El pasado es su doctrina, quien le ha llevado a ser quien es en el presente, no debe releerlo pues éste ya se halla en usted… El futuro no es más que el próximo segundo que ha de venir… según como actúe cada segundo, será lo que deje lacrado en las innumerables páginas que aún le quedan por redactar… Como bien sabe toda historia tiene un fin… Cuando haya concluido SU LIBRO; VIDA, éste será la huella que dejará como recuerdo en los demás… Mientras perdure el recuerdo usted nunca partirá

– ¿Podría responderme a una pregunta?…

– Dígame, ¿Busca algún libro o autor en concreto?

– ¿Cómo… Quién eres…? –inquirí al oír una voz femenina.

– ¿No me recuerdas? Trabajo aquí… te he ayudado en alguna ocasión a encontrar lo que buscabas… ¿Te puedo ayudar…?

Le miré fijamente a los ojos… Comencé a sonreír, ella, igualmente correspondió con una hermosa sonrisa…

– NO… aunque no me creas, y no lo veas… hoy hallé la publicación que buscaba. Tal vez en otra ocasión… he de marcharme… GRACIAS!!

-¿Te encuentras bien?… ¿Puedo hacer algo por ti…?……..

.. Solté una carcajada y me marché……………..  ¿…?

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