Mensaje en una botella !

“Solo un Alma limpia es capaz de hacerle llorar”

La noche, recluida en su camerino junto a su cómplice la Luna, se desmaquillaba y despojada de su traje de gala. A escasos pasos, justo en el núcleo del Universo, su amante el Astro Rey cedía al Alba la calidez de sus primeros destellos…

Sobre las tablas del magnánimo teatro, su fiel director de escena el tiempo, marcaba su tic-tac minutos antes de abrir el telón… El agetreo entre banbalinas era atronador;

– Cariño… es la hora… has de maquillarte rápido o llegaremos tarde. –susurró a su esposa

– Mamá!… Javi no quiere salir del baño y debo ducharme.. –gritó la jóven María.

– Buenos días Papá. ¿Cómo te encuentras hoy…? ¿Crees que podrás acudir…? –preguntó Susan a su anciano Padre.

– Dios Santo… tres orgasmos… tres. –musitó Andrea a su marido con un especial brillo en sus ojos.

– Venga rápido… poneos cada uno en su lugar sin discutir… Arrancamos y que comience la aventura. –bromeaba Carla con los chicos.

– Llegó el momento. Subid primero a los niños y bebés. Luego las mujeres. Por último los hombres. –ordenó quien parecía ser el guía

Por fin el director de escena ordenó la apertura del reluciente telón. Por fin… despuntaba una función más de la obra que siglos atrás titularon Vida…!!


“Un Sueño Real”

 Historia que en su día dediqué a una persona uy especial

Como cada mañana, levanté el vuelo muy temprano, tomé un cortado muy caliente y me senté delante del ordenador. Mientras observaba el monitor, con los ojos aún cansados, entré en un profundo sueño.

Ante mí, un extenso valle. Su orilla se bañaba en un pequeño lago de aguas cristalinas. A mi alrededor, multitud de árboles frutales de los que brotaban frutos diferentes y desconocidos. A lo lejos, varias cadenas montañosas. Sus cimas se alzaban perdiéndose entre el azul de cielo.

Lo que más llamó mi atención de aquel lugar, fue la paz y el silencio reinante. Un silencio que, en ocasiones, era roto por el leve canto de los pájaros.

De repente, un hermoso pichón de búho voló hasta colocarse frente a mí. El aleteo de sus alas era suave, lento, acompasado. Mientras le miraba fijamente a los ojos, algo me indicó que debía seguirle. El pichón se giró y colocándose por delante de mí a un palmo del suelo, se deslizó por el aire suavemente. Yo le seguí.

Bordeando la orilla del lago, me condujo en dirección a una pequeña arboleda. Junto a ella, una espesa vegetación de gran altura me impedía ver el lugar a donde me conducía. Tras caminar varios minutos, el pichón se introdujo entre la vegetación, perdiéndose en ella. Yo le seguí.

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